jueves, 24 de febrero de 2011

lepidópteros, s.a.

esas noches (o madrugadas, o mañanas muertas) en que te da por vomitar, sólo por echarle un ojo a lo que se cuece en tu estómago.
esas veces que lo observas un rato, y con seriedad de forense dictaminas (con seriedad y en voz alta, si estás sola): Mariposas.
y te quedas mirándolas aletear despacio entre los restos de alcohol y risas, maripositas gráciles, minúsculas, maripositas de color de calabaza. La lata que dan ahí dentro.
esas noches que coges unas pinzas y un puñado de alfileres y te pones a ello con paciencia de entomólogo, lupa en mano, corazón en mano, yo qué sé.

teoría: sólo están ahí porque no deberían estar ahí; porque son imposibles, porque nos encantan los cuentos inconclusos y las historias truncadas. Y por no montar un melodrama, a lo Romeo y Julieta, cambiamos vendetta familiar y veneno por beca de un invierno y billete de vuelta en ryanair. Voilà!

teoría: no son mariposas, son homúnculos que han colonizado todo el espacio disponible bajo tu diafragma. Eso te pasa por tragártelo. Guarrilla.

teoría: son mariposas absurdo-mágicas, te has metido en un buen lío. Te podías haber hecho una idea el día que empezaste a estudiar la geometría de sus lunares. Estás jodida, en cualquier momento resultará que todas las canciones guays del mundo se las podrías cantar al oído. Ah, no, mierda, que ya lo has hecho. Y él se las sabía. Estás jodida.

teoría: las mariposas no existen.

teoría: estás enganchada a la frustración (esta me parece la más inverosímil de todas, pero hey, registrémosla también).

teoría: es su olor, huele como tienen que oler los hombres, aunque es casi un niño. También te gusta que sea un niño, porque a) te gusta estar al cargo de la situación, b) tienes un complejo de Peter Pan como tu cabeza de grande.

teoría: en realidad crees que sí podría funcionar, pero ese pensamiento no te estresa porque nunca llegará a ocurrir (volvemos a la primera teoría)


y así, ad infinitum.

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