Oliver:
"La proposición es simple. El mundo se divide en dos categorías: quienes creen que el propósito, la función, el acompañamiento y la melodía principal de la vida es el amor, y todo lo demás -todo lo demás- es únicamente etc.; y aquellos otros, esos numerosos desdichados, que creen fundamentalmente en el etc. de la vida. Para quienes el amor, por muy agradable que sea, no es sino una pasajera agitación de la juventud, el parlanchín preludio a la obligación de cambiar pañales, pero no algo tan sólido, inmutable y fiable como, digamos, la decoración del hogar. Ésta es la única división entre las personas que cuenta."
Stuart:
"Y otra cosa. Primero piensas: cuando sea mayor amaré a una persona, y espero que salga bien, pero si sale mal amaré a otra persona, y si no resulta amaré a otra. Siempre presuponiendo que, en primer lugar, vas a encontrarlas, y que te permitirán que las ames. Lo que esperas es que el amor, o la capacidad de amor, esté siempre ahí, esperando. Iba a decir: esperando con el motor en marcha. ¿Ves la tentación de la jerga de Oliver? Pero no creo que el amor (ni la vida) sea así. No puedes obligarte a amar a alguien, y tampoco puedes, según mi experiencia, obligarte a dejar de amar a alguien. De hecho, si lo que se quiere es dividir a la gente en función del amor, yo sugeriría que se haga de la manera siguiente: algunos son lo bastante afortunados, o desventurados, de amar a varias personas, ya sea una detrás de otra, bien superpuestas; mientras que otros aman una sola vez en su vida. Aman una vez y, ocurra lo que ocurra, el amor no se borra. Algunos sólo pueden hacerlo una vez (...)"
domingo, 23 de enero de 2011
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