así que aquí estamos recuperando otro rincón perdido, y mira, ya no importa el formato, no importa nada gran cosa, sólo el ronroneo del portátil y el calorcito en la cara interna de los muslos.
ítem más: estoy desordenada. Porque el mundo ya no importa
si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero,
si uno se ordena como un cajón de la cómoda y te pone a ti de un lado...
y la puta Maga. Cambiar los estrógenos de laboratorio por serotonina cristalizada, echarse de nuevo a las calles, aunque llueva (aquí llueve todo el rato), volver a París, París, qué coño se nos ha perdido allí? Y volver a ser la Maga, o Talita, o volver a cabalgar entre dos ventanas, esas cosas. Y nadie sabe cómo ni cuándo ni por qué hemos vuelto al principio; siempre es al principio. Si no hay guerras ya, pero oigan, este silencio de armisticio me estaba consumiendo, entiéndanme. Hazme un caldito, invítame a un café, lo que sea. Lo que sea pero manténme a salvo del cinismo, mátenme al borde del abismo, y luego ya nada.
ítem más: la angustia, la jodida angustia desesperada. Así que era esto, lo que antes llamaba estar viva? Este bichito que me corre por el pecho, y quema? Tanta desesperación, pero eh, a partir de aquí los días ya sólo pueden crecer, y eso es bueno. Ya ha pasado lo peor, queda este frío estepario de vodevil, pero los días crecerán, por fuerza.
y Kase, pidiendo días largos suficientemente buenos. Y Robe y los dragones, los dragones que me persiguen, a través del mar de hierba o de la piel de los hombres, yo qué sé. Y los dramones, y me dicen que soy un ídolo de masas, porque nunca sufro. Aquí estamos todos solos y estamos muertos, les digo. Y las masas se parten de risa, y yo amaso, mi pasta quebrada, mi prosa laminada, lo de siempre.
en fin, de vuelta (y) de todo.
jueves, 23 de diciembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario